viernes, 8 de enero de 2010

Agridulce

-Puedo perder una novia pero no perder al amor de mi vida.

Aquello reventó su mirada tornasolada. Ella se incorporó bruscamente.

-¿Qué ocurre? -dijo él.

-Las cosas van bien hasta que haces promesas que no podrás cumplir. Porque -dijo ella prediciendo lo que vendría después- no es verdad: no puedo ser el amor de tu vida si eres susceptible al encontronazo que se producirá al darte de bruces con ''sentimientos que creías olvidados'' ; si no eres capaz de aguantar los kilómetros por la poca confianza que tienes en tí mismo. Porque es eso y ni tú crees que hayas cambiado, porque la gente no cambia. No, definitivamente no... así que no intentes creértelo.

Tras esto, ella se fue, dejando caer la última gota de aquella verdad agridulce. Se fue y le olvidó.

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