viernes, 5 de febrero de 2010

Enero de 2799

Enero de 2799. El mundo está dominado por máquinas. Un conjunto cibernético de circuitos alta eficiencia lleva a cabo todas las tareas que, antaño, eran desempañadas por los hombre-obreros. De estos ya no quedan, sólo quedan algunos hombres que ya no renacen en la alegría de ver salir el Sol pues tienen máquinas que perciben y además generan cualquier longitud de onda , así que lo mismo puede amanecer a las Circuito 7113 (Ah, se me olvidaba: la presición de algunas máquinas no se dicta por el antiguo método del tiempo de los relojes analógicos) o , lo que es lo mismo: a las 9 de la noche.

Un gran avance que, paradójicamente, depende de cómo se mire -para una chica del ''siglo XXI'' - pero estas máquinas tienen humanamente un gran defecto: la falta de espontaneidad. Claro que existen humanoides programadas para mostrar o percibir algunas ''ciberemociones'' pero jamás comprenderían por qué ,al estar tristes, lloramos -incluso lloramos de alegría, nerviosismo, rabia - y cómo el amor de verdad puede más que la distancia porque les falta algo que el hombre tiene, ningún ser más posee, y es incluso peligroso para la supervivencia: la capacidad de reflexión.

Esa minúscula población de hombres no pueden ,de esa manera, regalar flores a su amada ni tampoco compartir con alguien sus pensamientos, sentimientos y miedos.
Y entonces el hombre, incompleto, se siente solo.


Acaso este enero de 2799 puede darse hoy, a nuestro lado: ¿por qué costará siempre tanto
hablar de cosas importantes?
A lo mejor tenemos a alguien al lado que necesita hablar, decirnos algo pero que inconscientemente no le dejamos...

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