viernes, 30 de abril de 2010

Después de tanto tiempo, volvieron a encontrarse

El día a día había hecho mella en sus vidas y ésta había extendido sus brazos por el tiempo de ambos. Tal era así, que podrían haberse encontrado irreconocibles y alejados, pero el milagro fue que no era así. Sus espíritus se reconocieron al instante y , al momento, brotaron todos esos sentimientos que habían sido cuidadosamente guardados.

A lo mejor era cosa de la primavera, que estaba juguetona aquel atardecer de mayo, pero los envolvió con su brisa y los dejó solos cuando hubieron de mostrarse cara a cara lo que habían acallado dulcemente. Nada se interpuso ahora, ni siquiera un insuficiente lenguaje extraviado, y eligieron como armas sus miradas: se tendieron nuevamente sus manos, conversaron sin matar el tiempo y se buscaron con franqueza en cada abrazo.

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