martes, 27 de abril de 2010

Introspección

Me asomo a la ventana para consultar qué fresco hace y éste es hostil. Es hostil, luego cómodo porque si no fuera cómodo sería peligroso. Sí, yo ya me entiendo. Quisiera detener el tiempo mientras miro por la ventana, pero la gravedad atrae impulsivamente los granitos del viejo reloj de arena. Me pregunto si ,alguna vez, habrán éstos soñado la suavidad de tu piel como lo hago yo. La gravedad los empuja hacia abajo, pero no sería ésta la culpable de mi antiguo bajo ánimo.

El tiempo pasa , no corre porque no suele ser cobarde, sí traicionero... no como mi sexto sentido, que avisa siempre.

Y de nuevo siento que en el centro del eje se produce un hundimiento cuyo hueco se rellena de vacío, quizás aire, como los suspiros... ¿están los suspiros huecos? No, son naves cargadas de preciosos sueños que , por tanto, no son dorados: son adorados. O quizás lo adorado sean las personas que representan ... he aquí el maldito diagnóstico culpable, todo él, de la susodicha , pero aquí reconozco cual resorte inmediato que yo no tuve ningún hacha de guerra como para sepultarla.

Sepultar: ¿acaso se olvida lo que entierras? No así lo creo pero, al contrario de lo que hago siempre, ahorraré consideraciones analíticas porque quiero volver a fijarme en el aire que roza mis manos para decir que, aunque el tiempo no se para, yo me alegro de mirar por la ventana en busca del fresco y del olvido de tu olor, porque me extasia, me descentra hacia tí. ¿Gravedad entre dos cuerpos? Sólo aire, por el momento ... hasta que esta noche acudas a mis sueños.

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