miércoles, 7 de abril de 2010

Llorando, así comenzamos

Un fuerte llanto permite el inicio de la respiración de un aire desconocido en una sala iluminada con olor a limpio. Apenas puedes abrir los ojos pero notas cómo unos extraños seres te sacan y te miran con una expresión que muestra surca a ambos lados de dos bolas brillantes que se clavan en tí...pero no te sientes mal por ello. Oyes algo y, tras ser convenientemente lavado, te colocan en los brazos de una persona cálida, tierna, que te suena de algo: ¡es mamá!
Desde ese minuto cero comienzas a recibir información por tus cinco sentidos y , si todo va bien, así seguirás hasta el fin de tus días. Creces en una familia de esta o aquella manera, irás al cole, tendrás tus amigos, comenzarás tu pubertad y puede que te preguntes para qué has venido, volverás a llorar, quizás llegues a amar...etecé. Por supuesto, tendrás tus raíces.
¿Qué son las raíces? ¿El lugar al que uno pertenece? En teoría, nos pertenecemos a nosotros mismos. ¿El lugar en el que uno ha crecido,con sus costumbres, las personas que nos han acompañado? Tal vez. O aquellos, siendo más estrictos, de los que nos nutrimos de todas esas informaciones que recibimos.
¿Cómo? Pues porque eres el ser que tiene las raíces fuera, a la vista algunas: oídos, ojos, piel, nariz, papilas, o...en algunos casos, también el sexto sentido.
Estas son tus raíces sensoriales, por las que absorber infinidad de informaciones -recuerdos- que formarán, después, esas raíces de las que al principio hablaba.
La caricia de una madre, el olor a hierba recién cortada, el sabor de tu helado favorito, la contemplación de un bonito amanecer después de una maravillosa noche, un escalofrío, el sonido de una sonrisa en la oscuridad...

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