jueves, 6 de mayo de 2010

COMUNICACIÓN

A veces decimos algo de una manera que no es la mejor manera de decir las cosas.

Hay veces que es la peor de las maneras posibles.Pero lo importante es decirlo. Ahí está la clave, y no importa que necesites dos horas, tres días o una semana para soltarlo todo. Porque mejor fuera que dentro.

A nadie se le escapa que esto no es tan fácil como parece ¿cierto? Cuando todo te empuja a agachar la cabeza y continuar como si nada para salvaguardar nuestro impoluto orgullo, es difícil hacer una para dejar las cosas claras, ya sea a tí misma, en general o a quien ha puesto todo patas arriba. Y si ese alguien hace oídos sordos, habrá que hablarle a la cara ( y digo bien: a-la-cara), procurando , por todos los medios posibles, que se entere bien aunque seamos pesados. Sólo así se puede avanzar bien, pues no tendremos carga de la que ir tirando día a día con nuestra memoria. ''Dejar las cosas claras para no acabar tan mal''. Quizás lo que tengamos sea miedo al final del sueño, a que acabe; pero es más peligroso recordar una y otra vez lo que seguiría siendo o estúpidas razones...que los dragones que hay al final del precipicio: para empezar no hay ningún precipicio. La vida es una serie de puertas que se van abriendo conforme avanzamos, y a mí lo que me produce alergia es el polvo de las habitaciones sin ventilar.

¿Qué le importará lo que le diga? -solemos pensar-; pero, si no le importa, razón de más para que lo escuche pues no hay peor compañero que el resentimiento y la espinita clavada de lo que se dejó sin decir.

Decirlo, soltarlo, exposición abierta al público es lo que hay que hacer para ''tirar pa'lante y , al otro, que le den'' pues ,para llenar un vaso de agua, primero hay que vaciarlo del aire que contiene; de la misma manera, para que venga lo bueno, tiene que salir lo malo... y si alguien convino en abandonar por su propio pie el hueco que, con tanto esmero, habíamos reservado cariñosamente para él, más espacio nuevo: a enemigo que huye, puente de plata.

Termino con algo concreto: en cierta ocasión, me enfadé tanto tantísimo con una persona sin llegar a hablar con ella, que lo guardé todo hasta tal punto que, cuando hube de hablar con ella, había olvidado los motivos que me habían llevado a enfadarme de esa manera: todo resentimiento concentrado; mi memoria tiraba de una carga de la que se podría haber aliviado mucho antes. Actualmente no sigo enfadada con esa persona, pero está fuera de mi vida. Si yo hubiera dicho las cosas antes y hubiera puesto cada punto sobre su i , sin pararme a adorar a la persona a la que no debería tener tan en consideración, hubiera estado mejor mucho antes. Pero no lo hice y ahora sí que no hay nada de lo que hablar.

Yo salté la brecha después de superar mi miedo a las alturas, y no pienso permitir que vuelva aquello o aquel del otro lado del salto. ¿Hueco cariñosamente reservado?

mejor fuera que dentro.

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