lunes, 24 de mayo de 2010

¡Entre tu piel y el cielo!

Ella estaba entre su piel y el cielo mientras la luna traviesa se reflejaba en sus ojos. No tenía celos pues sabía bien que su sonrisa era de ella, y así la tenía en su pupila guardada.

Él, entre la rosa y sus manos, la rodeó tiernamente con sus brazos quitando dominio cubierto por la luna, y le susurró al oído aquella frase que a ella le erizó la piel. La respuesta fue tajante y no se hizo esperar en el brillo de sus ojos: ahora sí podía sentir.

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