domingo, 16 de mayo de 2010

Involución primaveral


El camino había sido tranquilo, buscaba desconectar, y una serie de recuerdos entrañables procesionó ante ella mientras la melodía acompañaba.
En cuanto llegó, las nubes le recordaron un arduo invierno, y el peligro de una involución primaveral se cernía sobre su cabeza como la espada de Damocles.
Pero no , porque no lo vio posible; además, ningún latigazo sería permitido.

El roce de unas mantas y esta iluminación volvieron a acosarle y a punto estuvieron las espinas de las rosas de convertirse en enemigas. ¡Y qué más daban los nublados! En cuanto se tendió sobre la hierba recordó aquellos momentos en los que estaba entre su piel y el cielo. Como teletransportada por el tiempo, una enorme paz le inundó y se sintió fuerte: .


Sus ojos estuvieron abiertos un buen rato, pero ella no veía; tenía en su pupila su sonrisa guardada. Y ,entonces, contrariada, algo le volvió a situar en aquel césped con aquel nublado: el ruido lejano de un coche, pero no era cualquier coche, era El coche. Su corazón comenzó a latir fuertemente y una expresión entre el asombro y la alegría absoluta se mostraba en su rostro -que también mostraba los signos de una larga semana. Unos minutos más tarde, una polvareda levantada por el auto parecía mágicamente brillante... él se bajó del coche, la rodeó con sus brazos y pronunció aquella frase: si se apaga el sol, quedarán tus ojos.

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