sábado, 31 de julio de 2010

Afecciones

No hay más que mirar que, en lo que respecta a cuanto nos afecta y en relación a los cabreos, cómo se construye la propia acción: yo me cabreo, tú te cabreas…tú decides, nada ni nadie debería poder cabrearte.

Pero, ¿por qué razón nos cabreamos? Creo que es la reacción psicológica ante algo que nos molesta, a fin de enseñar los dientes para que eso se vaya y nos deje tranquilos. Sin duda, es una forma natural defensiva que ‘‘consigue’’ que nos quitemos de encima lo que nos dificulta la supervivencia.
El problema está en que, en el caso de los seres humanos, el cabreo se complica, haciendo además efecto rebote y complicándonos la vida a nosotros. Podemos…cabrearnos con alguien sin que ese alguien lo sepa, cabrearnos porque nos tropecemos, cabrearnos con nosotros mismos, cabrearnos con un problema de matemáticas pero… ¿para qué? No digo que alguien no pueda cabrearse, pues el objetivo no es ser pasivo, pero levantar cierta inmunidad a las tonterías diarias y/o semanales nunca está de más.
Un cabreo del tipo ‘‘Ogni viltá convien che qui sia morta’’ a tiempo arregla mucho…por eso, lo que propongo es un “pa’ qué”…pues tú eres quien decide.

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