martes, 20 de julio de 2010

Toda una vida por delante.

Hoy estaba sentada en un banco con mis amigas y, al lado, había una familia con su hija pequeña. La niña, graciosa, estaba aprendiendo a andar y, aunque sus tiernas piernecitas no eran aún fuertes para el bipedismo, no le faltaban fuerzas para pisar el suelo ni firmeza por seguir adelante. Se arrojaba tan hacia delante que el padre, sujetándola por las manitas, tenía que cuidarse de que no acabara en el suelo...aunque ella tan a gusto si eso pasaba...(cómo se nota que no había aprendido que las caídas son malas)
Ahí estaba ella, sin miedo a andar, a descubrir el mundo que tiene delante. Quizás nosotros, cansados de saber o creer hacerlo, dejamos de querer andar, nos postramos ante la fluidez de las épocas y el paso del tiempo y uno y otro suceso en este planeta ''civilizado'' y global.
Nos da miedo caernos. No sabemos ver que ahí hay también otra perspectiva... cuando nos pasa pataleamos enfadados con todo y todos. Para más inri, los hay que se quedan ahí y otros que hacen lo mismo pero queriendo volar. El problema es que nos quitamos las alas para rellenar cómodas almohadas de plumas...para así no andar.
Nuestros padres nos ayudan, nos sujetan. de pequeños..pero el andar viene al niño como a las golondrinas el saber hacer sus nidos con maestría de artesano alfarero. Sería una tontería ir contra natura, ¿no?

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