jueves, 19 de agosto de 2010

Amor es carestía

Amor es proyectar sobre la persona amada todos nuestros deseos, frustraciones y carestías. Cualquier pistoletazo de salida produce tal humareda que ciega la vista a la víctima de Cupido, pues tiende a idealizar a la persona amada creyendo que en ella está todo lo que nos falta, cuando la persona en cuestión será probablemente de cualquier otra manera a como nosotros creamos/queramos.

Y es que si Cupido es tu verdugo junto con la famosa Oxitocina, ya sabes que te convertirás –o querrás convertirte- en un demiurgo de la persona amada, pero un demiurgo mental, que transforma en su mente la realidad, la distorsiona. Y la ficción resulta se convierte en una droga, porque se cree tener lo que se quiere. La búsqueda de una media naranja se cree finalizada cundo amamos, porque esa persona representa la absoluta complementariedad con uno mismo, aniquilando nuestras carencias. Y es que a lo mejor no es una naranja, es una piña y, a la fuerza, tiene que ser lo que nos falta a nosotros: buscamos a la persona que tenga lo que a nosotros nos falte, la persona que sea lo que nosotros siempre quisimos ser para ver si se nos pega algo.

Amar así es peligroso, porque esa pompa nebulosa no estallará –probablemente- hasta que nos llevemos un guantazo o hasta que la droga desaparezca y, con ella, nuestra dulce miopía.

Y no digo que amar sea malo, pero muchos aman inexorablemente de esta manera a consecuencia de patrones mentales insanos que son moldeados –que lo han sido- a lo largo de nuestro corto periplo vital y por la oxitocina, pues no hemos de olvidar que las situaciones químicas que ocurren en nuestro cuerpo actúan como un titiritero que nos mueve emocionalmente.
Amor es carestía.

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