lunes, 16 de agosto de 2010

Beber sin tener sed, comer sin tener hambre, reír sin tener ganas

-Yo no puedo hacer nada, incluso he creado un mundo aparte sólo porque este no me gusta…y pienso todo el rato en cómo el tiempo me bambolea, y deseo con las pocas fuerzas que me quedan que pase ya todo esto. Es una desgana total y absoluta.

-Sé lo que es sentir esa desgana…De tu mundo aparte diré que, en realidad, todos tenemos una pequeña porción de ese mundo…pero hay que vivir en este mal que nos pese: aunque no nos salgan bien las cosas, aunque estemos lejos de lo que queremos, aunque nos sintamos como algo inútil, aunque sólo tengamos unas ganas locas de desaparecer y quitarnos de en medio…No hay más remedio que aguantar lo que nos toca. Sentirse pusilánime al no ser capaz de evitar lo que te pasa. Pero, sinceramente, creo que de vez en cuando hemos de sentirnos un poco así para darnos cuenta de que no somos nada en el sentido de que nuestra vida es sólo un instante en no se sabe qué ni se sabrá, por lo que conviene –sabiendo esto- aprovechar lo que viene, para sonreír o para llorar. Cada suceso compondrá la melodía de tu caja de música. Cada sonrisa, cada lágrima nacerá por impulsos que ya habrán sacudido a otros corazones mucho antes pero, hasta que no sientes tú, no aprendes…y entonce comprendes que, aunque el mundo cambie según dónde estés tú, todo el mundo no cabe en el lugar en el que estés, por eso no puedes conformarte: Tienes que comerte el mundo.

-¿Por qué?

-Porque el hambre agudiza el ingenio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario