viernes, 13 de agosto de 2010

La libertad de un sueño

Libertad. Como todas las grandes palabras, sufre un horrible manoseo cuando frecuentemente se usa, perdiendo así parte de su sentido, de su candor, como todo cuando transita por manos y bocas que no aciertan a conocer realmente su hondura. Es, esta palabra, espoleada tan a menudo, que a cada arrebato caen de ella volutas cobrizas que se pierden en el tiempo. Y, siendo más que una palabra, cuando la intuyo vienen a mi mente imágenes de algún lugar enorme, sonidos musicales y, decepcionantemente, un gran engranaje de piezas sociales que se mueven irremediablemente de una manera que resulta determinada de forma externa.

Y es que, por mucho que históricamente intentemos demostrar lo contrario, no somos libres. Elementos condicionante realizan su labor con una efectividad militar y, para rebatir algún posible estudio cronológico, no hay más que mirar que, en esta llamada Era de la información, la extensa influencia de los medios nos envuelve en una tela de araña por cuyos hilos recibimos últimas tendencias que resultan ser “abueliles”, sucesos catastróficos elegidos por intereses, boletines políticos que merecen mención aparte ya, famoseo pueril que marca la moralidad vigente, etcétera.
Y son esos intereses de divina índole los que marcan el compás –bastante acelerado, por cierto- para así lograr un mayor y más sólido aturdimiento. ¿Sigues pensando que eres tú quien libremente elige qué oír, qué ver, qué ponerte, a dónde ir, qué te gusta…?

Si sumáramos las “noticias” de una jornada, obtendríamos como resultado un caldo de cultivo cuyo vertiginoso e irrefrenable ritmo hace que esta nebulosa informativa adopte toda la textura de una jornada ajetreadamente onírica. Sí ¿y quién no ha comprobado que, en un sueño, su movilidad queda diezmada aunque intenta nadar contra las olas de Morfeo? Pues la libertad de un sueño tenemos estando “despiertos”. Comprendan las comillas.

Ingredientes como el engranaje social, elementos informativos , transacciones sociales, cargas connaturales forman esta marea, sazonada ella con el interés, director de esta orquesta.



''Nace el ave, y con las galas

que le dan belleza suma,

apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma:


¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?


Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas,
gracias al docto pincel,
cuando, atrevido y crüel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto:


¿y yo con mejor distinto
tengo menos libertad?


Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío:

¿y yo con más albedrío
tengo menos libertad?


Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad,
el campo abierto a su ida:

¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?


En llegando a esta pasión
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.


¿Qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave? ''

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