viernes, 6 de agosto de 2010

Me quedo contigo

Y, entonces, gestos imperceptibles cobran fuerza, adquieren personalidad, las distancias infinitesimales se acortan con precisión de modistas que comienzan una nueva labor, pero aquí no se menciona la música, pues esto acaba de nacer; vacío densos que antaño picaban en los ojos con furia de negros cuervos desaparecen, se hunden; largas cadenas de vanos ademanes irreales se rompen en pedazos que, a herir, no vuelven; infranqueable pantallas de tul con centinelas se postran a mis pies, privilegiados de andar en terreno aún neutral; hostilidades de sombríos e intemporales patios se pierden en cómplices trasiegos de sonrisas; el sabor de una victoria real me envuelve en un oro nítido, que no ciega y no hay clamor de trompetas que ensordezca mis sentidos. Pasadas espinas se vuelven percheros a inútiles rencores, como inútiles son las flores de las espinas de éstas, ajadas por amargas derrotas; fenecidos venenos a causa de esta fastuosa empresa digna de glorificar en un Olimpo que no adula en cuyas vitrinas no reposa cualquier cosa. Sones discordantes en el aire, que fluye ajetreado en este bello circo; rayos de Sol más allá de una frontera, filtrados y sin pulpa; vapores mortecinos caen destartalados a los gritos que emergen de mi garganta; diques de rubíes efervescentes marchan bajo un nuevo mando para despresurizar trincheras en las que puedo, ¡al fin!, bucear sin tregua…porque yo me quedo contigo.

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