lunes, 2 de agosto de 2010

Poner nombres

Sí, poner nombres a las cosas, a las situaciones…es la táctica ideal para que no haga lo contrario de lo que “debería”.
Y es que, aunque en un pasado afirmara circunstancialmente que a mí no me hacen falta etiquetas, ni designar, bien segura estoy ahora diciendo que, a menos que dañar quiera, es mejor llamar a las cosas por su nombre. Es simple pues, si mi sexto sentido sigue en pie, yo sólo tengo que dar el nombre correcto a la cuestión en sí para no salir a pasear por el lado salvaje.
Funciona y, de esa manera, nada tengo pendiente porque así consigo ver con nitidez que lo que no es, no es; lo que no puede ser, no puede ser…y además es imposible. Frases hechas aparte –por aquello de la falta de correspondencia con esta circundante realidad…o quizás no sea esto una realidad, aunque sé que no estoy soñando así que algo palpable es- su efectividad queda probada.

Que más vale pájaro en mano, que ciento volando.

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