sábado, 7 de agosto de 2010

Siempre, nunca, todo, nada

Quiero encontrar una normalidad que no existe, a veces espero lo que parece un milagro...pero los milagros no cobran forma sino tiempo desperdiciado y, en vez de sinfonía, esto parece una sarta de onomatopeyas sin sentido y silencios de alfileres, que en este día se acomodan inamovibles. Pero ello no quita el dolor que causan, sino que éste va increscendo...

Quiero perderme, quiero encontrarte, quiero olvidarme, quiero abrazarte...No..nada es cierto. No me hago a ideas silvestres, pero me gusta andar por el filo de plateado mientras el mundo da vueltas y yo sigo en el mismo sitio, que no mío...sino de aquí. Espacio vacíos que se extienden al acá, y al allí, y aún incompletamente desconocido queda para mí saber si esto va unido a mi nombre...o tal vez no quiera asumir tal cosa.

Pero ¿qué son nombres en esta cruel temporalidad? Tan solo intentos transitorios que colman el jarro que llevo a cuestas...y es que nada hay definitivo aquí, ni allí, ni acá. Palabras que repelo como el aceite el agua aparecen ahora desafiantes para iniciar pozos de otoño: nunca, siempre, todo, nada.
Y sólo puedo enfrentar en esta lucha -también transitoria, cómo no- un escudo forjado con aquello de ''nada es definitivo''.

Entonces, finales entrecerrados se antojan curiosos y sobrevuelan este mar como inocentes pajarillos que no tienen nada de ello...pero yo he descubierto que, para colmo de miedos a aquella superficie irregular, entrando en un mar salgo de otro...buceando aquí, salgo de allá...para rato después volver a la arena, ya que...nada es definitivo.

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