jueves, 5 de agosto de 2010

Una bóveda de estrellas

Bajo la bóveda estrellada, encontraron el refugio entre sus cuerpos, sucumbiendo así al influjo de la luna menguante mientras la marea en sus corazones crecía capitaneada por estrellas marinas que danzaban al sonido de las olas, matando cada segundo para que volviera a surgir otro, lleno d magia, que sutilmente avanzaba por la arena envolviendo todo.

Pero no había, aquella vez, lluvia de lágrimas, sino que sonrisas surcaban las mejillas de ambos para terminar en besos. Besos al atraco de estrellas que, en algún momento se habían quedado en sus pupilas.

Aquella historia se fraguaba con la desordenada precisión de una caracola y aquel encuentro era especial; parecioles que todos los elementos se habían conjugado a su favor y el perfecto azul marino que tenía el cielo curvado cual perla perfecta les erizaba ahora la piel.

Ninguno habló de lo furtivo de su encuentro, pues ahora sus ojos hablaban de cosas de dos, de cosas importantes…incluso el viento se dignó a dejarles solos, pero aun así él, con celo, la abrazaba fuertemente contra su pecho.
Podrían haber cruzado el mar sin necesidad de más puente que sus brazos, pero al tejer aquella locura había sido aquel su locus amoenus…bajo una bóveda de estrellas, descubrieron su secreto.

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