domingo, 13 de febrero de 2011

Cartas al amanecer

Yo antes vivía en una ciudad pequeña, en la que los trayectos largos no tienen cabida, y en la que las horas en punto son sólo coincidencia en el reloj. No entendía la palabra ''ritmo de vida ajetreado'' ni podía imaginar cómo alguien puede no ver el amanecer, mirar al cielo y saludar a los primeros pájaros de ese día. Ahora ya lo entiendo: sé que levantarse aun cuando no están las calles puestas para viajar casi hora y media, llegar a tiempo libre de atascos, pasar 8 horas en la facultad, en vísperas de academia para llegar, bien entrada la noche, a casa de nuevo, no te deja ni ver el amanecer a no ser que lo pongan en el monitor del metro, donde pocos pájaros puede haber que te saluden.
Pero verán, la vida -y no hay que ser muy listo para saberlo- es mucho más que trabajo, mucho más que estudios...es, para mí, campo...así que, aunque no sea el mismo camino que ahora recorro el de siempre, ni los mismos pájaros, siempre sale el sol por el mismo sitio y, con tal de que el sol salga, ya me vale. Así que...¡buenos días!

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