lunes, 14 de febrero de 2011

La caída de la última hoja del otoño, tapó el sonido del adiós. En aquel parque, donde reinaba el viento, el frío se instaló. Razones rotas en un pozo de cristal ahogaban su pecho, palpitante, incapaz de pronunciarlas mientras ese silencio se clavaba en él, que al borde del abismo ya no era consciente del tiempo que duraba aquella escena que, a continuación, se partiría en dos. Paró la hoja, paró el viento, paró el frío, que no el dolor.
Se gira ella, él se giró... el milagro ocurre, ya no hay trampas sin razón; asoman a ella las palabras y a él un gesto de emoción. Por fin ocurre, que ya no hay miedos, pasado...
Triunfó el amor.

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