miércoles, 2 de marzo de 2011

Gnomeo

En el fondo, todos y cada uno de nosotros buscamos que alguien venga y nos rescate. Puede que sea fruto del incesante bombardeo romántico al que nos vemos sometidos, o a factores sociales que se desencadenan desde que venimos al mundo. El caso es que- y ahora me atreveré a quitar la pluralidad personal- yo sí busco que alguien venga y me rescate. Pero ¿de qué me tiene que rescatar?
Tendría que rescatarme de ir mirando hacia atrás, de buscar al reloj, de taparme en las nubes, de esconderme en las hojas, de no querer correr cuesta abajo sin saber como parar...
Y creo que todo el rescate vendrá (y no sé bien si usar este verbo) cuando importe más lo de dentro que lo de fuera: cuando era más pequeña, recuerdo que en invierno iba en mangas cortas por las tardes...y más allá de la locura que me rondaba se encontraba el hecho de que más dolía lo de dentro que lo de fuera, y es que de mirar tanto hacia adentro eres insensible a que haga frío, lluvia o ventisque.
Si invertimos los términos, lo mismo podría resultar para la sensación contraria: si gusta más lo de dentro que lo de afuera...porque sentir es la clave.
Me encanta ver el sol a través de tu cuello,
acomodarme entre tus brazos,
cómo me sujetas por la cintura,
que cojas mis manos entre las tuyas para calentarlas,
cómo me miras con tus ojillos verdes cuando me miras fijamente,
el impulso de tu sonrisa,
Sí, ahora importa más lo de dentro que lo de fuera... y ya no sé si pensar si esto es un rescate al unísono o que mi suerte se multiplica por el número 13.

1 comentario:

  1. repito... ESCRITORA YAA!
    el rescate es de la rutina, del vacio...
    asique ahi estamos con las señales de humo jaja

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